La retirada de al menos 188 videos llevó a la empresa operadora de TikTok en Japón a sostener que ya no existía interés legal para continuar el caso. El conflicto también pone en contexto unas directrices del Ministerio de Justicia japonés sobre la protección de las voces mediante el derecho de publicidad.
La historia
La demanda presentada por el actor de voz Kenjirō Tsuda contra la empresa que opera TikTok en Japón fue desestimada después de que se retiraran los videos que utilizaban una voz generada por inteligencia artificial para imitar sus rasgos vocales.
El caso por los videos de TikTok
La cuenta implicada publicó al menos 188 videos entre julio de 2024 y septiembre de 2025. El contenido estaba relacionado con leyendas urbanas y teorías de conspiración, y la información difundida por el responsable en otro sitio estimaba ingresos de entre 500.000 y 750.000 yenes mensuales.
El equipo legal de Tsuda sostuvo que la narración imitaba su voz característica, descrita como suave, grave y ronca. Según su argumento, esa semejanza podía llevar a los espectadores a creer que el actor participaba en los videos y atraerlos hacia el contenido. La solicitud buscaba retirar las publicaciones con base en la Ley de Prevención de la Competencia Desleal y el derecho de publicidad, que protege la imagen y otros elementos identificables de figuras públicas.
La defensa afirmó que se trataba de una voz masculina universal generada mediante un sistema entrenado con la voz de un amigo de la persona que administraba la cuenta. Los abogados de TikTok también negaron que existiera una infracción, al considerar que los comentarios reflejaban reacciones al contenido y que la audiencia no había sido atraída por la voz de la narración.
El derecho de publicidad y las voces
La empresa señaló que los videos habían sido eliminados después de la presentación de la demanda, en noviembre de 2025. Con ese argumento, sostuvo que Tsuda ya no tenía un interés legal para mantener el proceso, que terminó con la desestimación del caso.
El conflicto coincide con unas directrices publicadas en agosto por un panel de expertos del Ministerio de Justicia de Japón. El documento indicó que las voces de actores y profesionales de la interpretación vocal pueden estar protegidas por el derecho de publicidad, del mismo modo que su imagen fotográfica. También señaló que los proveedores de inteligencia artificial generativa podrían asumir responsabilidad conjunta dependiendo del nivel de afectación de ese derecho.

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